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viernes, 29 de enero de 2010

La otra cara de la moneda


Ayer no me atendían, pero me dijeron que si rebajaba el valor total de la masa hereditaria para que no sobrepasara los 18 millones y fracción, el trámite era gratuito. Las palabras exactas fueron "mejor ajuste el inventario, para que así no pase de (mirando una tabla en su escritorio) 18 millones novecientos, y ahi no paga nada..."
Resulta que hoy, al ir a hacer el trámite, por arte de magia, el mismo trámite costaba 1.5 UTM, es decir $58.000. Miré los papeles y había rebajado el total de lo declarado a unos cómodos 15 millones, lo que quedaba bien por debajo de la línea de 18 que LA MISMA PERSONA ayer me dijo que no sobrepasara.
"Tal vez le entendí mal, pero recuerdo que usted misma sugirió que modificara el inventario para no pasar de 18 millones, y así no pagar el impuesto extra", le dije con mi mejor cara de amabilidad, onda "a lo mejor hay un error, soy el que vino con pantalón corto ayer y tardaron 1 hora en atender, ¿se acuerda?".
Pero no, la señora insistió, mirando al techo con ojos blancos "No. Yo siempre digo que pasando de 6 millones tiene que pagar, si pasa de 18 millones tiene que pagar más aún..." Como más bien repitiéndose el cuento a sí misma más que explicándome a mi.
Ahí me cayó la teja. Esta señora miró su tabla y probablemente pensó una cosa y dijo otra. Al pasar de 18 millones, hay que pagar bastante más, tal vez en su mente, 58 lucas es nada comparado con lo que hay que pagar en el siguiente tramo de impuestos, y por eso dijo "...y ahi no paga nada".
Me saqué la corbata apenas entré a la casa. Mejor haré estos trámites con pantalón corto de ahora en adelante, al menos por el verano. Pagar casi 60 lucas inesperadamente no vale tanto atado.
Igual me dio risa que ayer tardaron y me atendieron serios, hoy por ir en un traje más formal me pegaron un garrotazo, pero fue a puras sonrisas, salvo por la explicación en trance que me dio la señora.
¿Qué pasará si voy con corbata y una polera? A lo mejor sonríen y me sale gratis todo.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Creo que ya falta poco...


Este semestre ha resultado bastante complicado; por un lado la práctica en tribunales es al mismo tiempo cansadora y satisfactoria, cada vez me siento más cómodo al ir a audiencias y juicios, pero siento que el tiempo para preparar cada caso es cada vez menor, y ahora más encima vienen los exámenes. Por otro lado, la clínica virtual ha resultado quizás más tensionante que la real, (no es una clínica médica, es de atención jurídica/legal), por que me da la impresión que hasta los abogados que nos guían andan cortos de tiempo, y es poco lo que podemos discurrir de las actividades que tenemos.
Los que realmente me sorprenden son los abogados en la clínica real; supervisan como promedio 10 casos por alumno, con cerca de 50 alumnos, o sea, como 500 casos!! y todo eso sin contar con que además hacen clases, y como son abogados, tienen sus propios casos particulares, y sobre todo lo anterior, tienen sus respectivas familias... Aunque los respeto por eso, no creo que la marmotita sobreviviría a un ritmo de vida así, espero dedicarme a lo legal, pero no a esos extremos, aunque, quién sabe.
Luego de terminado este período de tensión extra, buscaré un trabajo para el verano, y tal vez luego de eso, vacaciones!! Por ahora a enfocarme en la demanda de mañana, y a esperar los resultados para el examen de Derecho Internacional Privado...

viernes, 31 de julio de 2009

Un mensaje a la marmotita


Gracias a los azares del destino, la marmotita me pasó un libro que ella (se supone) está leyendo. Me miró con "cara de alerta" (eso va para otro post), puso los ojitos blancos y los giró por todos lados, y dijo "pero claro que leo libros, mira, este me lo prestaron en la oficina y lo estoy leyendo", y habiendo dicho eso, con un gesto de triunfo, sacó de su cartera porta-bellotas un libro tamaño bolsillo llamado Un Mensaje para García. El libro habla de un soldado de Estados Unidos que fue comisionado por el presidente de su país para encontrar al general cubano Calixto García para para pedir su ayuda contra el ejército de España.
La moraleja del libro es que la gente, y sobretodo, los empleados, deben emprender las tareas que se les encargan sin cuestionarlas, y ayudándose solos, es decir, nada de quejarse por que el trabajo parece imposible o sin sentido. Tiene varias opiniones interesantes el autor, hay sería considerado como un liberal seguidor de Milton Friedman, pero para su época (1899), era bastante visionario.
Desde ahora en adelante, la marmotita cumplirá cualquier misión que le encarguen, sin alegarle a su jefa, ni tirarle papeles a la cara, lo que espero ayude a que su jefa se tranquilice xD.